Sebastián Marset, el narcotraficante uruguayo apodado el ‘Pablo Escobar moderno’, fue capturado en Bolivia el pasado 13 de marzo. Actualmente se encuentra bajo custodia de los Estados Unidos, acusado de lavar millones de dólares a través de redes de criptomonedas. Este arresto ha dado pie a una investigación conjunta entre la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN) de Bolivia y la DEA de EE. UU., cuyos representantes se reunieron en Washington esta semana para coordinar las acciones contra su presunto imperio financiero.

La cuestión central no es si las criptomonedas pueden utilizarse para fines delictivos, ya que es evidente que ocurre; según la firma de inteligencia blockchain Chainalysis, el volumen de lavado de dinero con cripto alcanzó los 82.000 millones de dólares en 2025, un aumento drástico frente a los 10.000 millones registrados en 2020.

Sin embargo, el verdadero interrogante es si el uso de activos digitales otorga a los criminales una ventaja real de rastreo frente al dinero en efectivo. Este caso responde con un rotundo no.

Lavado con criptomonedas: Los hallazgos de los investigadores

Marset se labró una reputación como uno de los traficantes más escurridizos de Sudamérica, evadiendo a la justicia mediante múltiples cambios de identidad y constantes desplazamientos transfronterizos, mientras presuntamente dirigía una red de cocaína con alcance continental.

En Paraguay, los fiscales lo señalaron como una figura central en «A Ultranza Py», una de las mayores investigaciones contra el crimen organizado en dicho país, enfocada en redes que transportaban cocaína y lavaban ganancias mediante empresas fachada y bienes raíces.

Lo que diferenció a esta última investigación fue hacia dónde condujo el rastro del dinero. Mirko Sokol, Comandante General de la Policía Boliviana, confirmó que la inteligencia detectó que Marset realizaba transacciones «principalmente en criptomonedas, en lugar de moneda física». Una acusación formal recientemente revelada describe un sistema que utilizaba «correos y tokens para entregar de forma encubierta grandes sumas de dinero ilícito, típicamente en euros», un modelo híbrido que combina el contrabando de efectivo tradicional con transferencias de activos digitales.

Ernesto Justiniano, el zar antidrogas de Bolivia, declaró a medios locales que los investigadores están rastreando el «lavado de dinero, específicamente en empresas que han recibido fondos vía criptomonedas», junto con pesquisas sobre el desvío de precursores químicos. El detalle crucial que muchos titulares omiten es que el rastro cripto no ocultó la red de Marset, sino que ayudó a mapearla.

Transparencia en el blockchain: El error recurrente de los criminales

Podemos imaginar el blockchain de Bitcoin como un libro de recibos público y permanente que registra cada transacción realizada y que nadie puede borrar. Cada vez que un Bitcoin se mueve de un monedero a otro, esa transferencia queda registrada para siempre, visible para cualquiera con las herramientas adecuadas. El efectivo entregado en un callejón no deja rastro; una transferencia de Bitcoin sí.

Aquí es donde entra en juego el análisis de blockchain. Empresas como Chainalysis desarrollan software que analiza ese gigantesco libro de recibos público en busca de patrones, de forma similar a como un contador forense podría rastrear dinero a través de una red de empresas fantasma, con la diferencia de que el libro mayor ya es público y las entradas son inalterables. Cuando los investigadores sospechan que un monedero pertenece a una red criminal, pueden rastrear cada moneda que pasó por él, tanto hacia atrás como hacia adelante en el tiempo.

La razón por la que la trazabilidad de Bitcoin toma por sorpresa a los delincuentes es un mito muy extendido: la idea de que el cripto es sinónimo de anonimato. No lo es. Bitcoin es seudónimo, lo que significa que las transacciones están vinculadas a direcciones de monederos en lugar de nombres, pero dichas direcciones pueden asociarse a identidades reales en el momento en que interactúan con un exchange regulado, una cuenta bancaria o incluso el monedero de un socio conocido.

Esa es la trampa. Se puede mover Bitcoin a través de veinte monederos distintos, pero si tan solo uno de ellos se conecta alguna vez a una cuenta de exchange con verificación KYC (conozca a su cliente), los investigadores a menudo pueden reconstruir el camino hasta identificar al usuario. Para entender mejor cómo el cumplimiento normativo en las plataformas de intercambio define este escenario, este análisis sobre los riesgos regulatorios en los exchanges explica detalladamente la mecánica detrás de estos procesos.

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Jaume Martín
Jaume Martín
Experto en crypto

Con un grado en periodismo por la Universitat de València, y 7 años de recorrido en el sector financiero-tecnológico, Jaume ejerce la investigación y producción de contenidos Web3 y crypto. Leer más

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