Bruselas vuelve a poner en duda la necesidad de crear un euro digital. Antes de seguir adelante, las instituciones europeas quieren ver si el sector privado puede ofrecer alternativas de pago eficaces por sí solo.
Los planes para lanzar un euro digital atraviesan momentos delicados. En Bruselas crece la incertidumbre sobre si Europa necesita realmente una moneda digital de banco central (CBDC), o si las empresas privadas ya están desarrollando soluciones de pago lo bastante innovadoras. El debate toca la médula de cómo será el dinero europeo del futuro, con repercusiones directas para la banca, los ciudadanos y el mercado de las criptomonedas.
The Governing Council has decided to move to the next phase of the digital euro project.
A digital euro would preserve Europeans’ freedom of choice and privacy and strengthen our sovereignty and resilience. pic.twitter.com/Io3i26Gtyd
— European Central Bank (@ecb) October 31, 2025
Dudas sobre la utilidad real del proyecto
Desde hace años, el Banco Central Europeo (BCE) trabaja en una versión digital del euro. La idea es hacer los pagos dentro de la UE más seguros, rápidos e independientes de gigantes estadounidenses como Visa, Mastercard o PayPal. Sin embargo, una propuesta reciente en el Parlamento Europeo, presentada por Fernando Navarrete del grupo centroderechista EPP, plantea que el euro digital solo debería ver la luz si el sector privado no consigue hacerlo antes.
Según este plan, primero habría que realizar una «prueba de mercado» para comprobar si las empresas comerciales pueden crear por su cuenta un sistema de pagos transfronterizo que funcione bien. Solo si fracasan en ese intento, el BCE obtendría luz verde para seguir con el euro digital. Navarrete lo resume así: «Es una cuestión de proporcionalidad y sentido común».
Los críticos temen que esta exigencia retrase el proyecto varios años. El BCE pretende comenzar las fases de prueba en 2027 y aspira a un lanzamiento completo en 2029. La propuesta parlamentaria echaría por tierra ese calendario casi con total seguridad.
Divisiones políticas en torno a la moneda digital
Dentro de la UE hay opiniones muy dispares sobre quién debe dar forma al dinero del mañana: los bancos centrales o el propio mercado. Mientras el BCE considera el euro digital una pieza clave para la soberanía monetaria, los escépticos lo ven como una respuesta burocrática a un problema inexistente.
Navarrete insiste en que su propuesta no busca enterrar el proyecto, sino garantizar estabilidad y proporcionalidad. Propone un enfoque híbrido: una versión sin conexión del euro digital, comparable al efectivo en formato electrónico. Así, los europeos podrían guardar dinero en todo momento, incluso sin acceso a internet.
En esta modalidad, la moneda funcionaría como dinero en metálico digital, almacenado localmente en un dispositivo seguro y transferible sin que intervengan bancos ni redes. El concepto busca proteger la intimidad de los usuarios al tiempo que preserva la estabilidad de la banca comercial.
Privacidad frente a control: el equilibrio pendiente
La privacidad representa uno de los mayores obstáculos. Muchos europeos temen que un euro digital otorgue a los gobiernos demasiada visibilidad sobre los pagos personales. El BCE promete que las transacciones de importes bajos serán anónimas, pero los supervisores exigen al mismo tiempo suficiente seguimiento para combatir el blanqueo de capitales y el fraude.
Por eso, la propuesta parlamentaria sugiere limitar la cantidad de euros digitales por usuario. Probablemente se fije en varios miles de euros, para evitar que los ahorros salgan en masa de la banca comercial durante periodos de tensión económica.
El BCE respondió con diplomacia y calificó la propuesta de paso constructivo dentro del Parlamento Europeo. Según el miembro del consejo Piero Cipollone, el objetivo se mantiene intacto: «Europa necesita un sistema de pagos que funcione en todas partes, para todo el mundo, sin depender de actores extranjeros».
Aun así, el BCE se enfrenta a una dura batalla política. Varios grupos parlamentarios quieren que las innovaciones privadas, como las empresas fintech y las redes blockchain, demuestren primero su potencial antes de gastar miles de millones de dinero público en una alternativa digital.
https://twitter.com/ecb/status/1983851509738795186
El futuro de los pagos europeos, en el aire
El debate sobre el euro digital plantea una cuestión más profunda: ¿debe ser el futuro del dinero diseñado por los bancos centrales o surgir de la dinámica del mercado?
Los partidarios ven en el euro digital un paso hacia la independencia económica respecto a Estados Unidos y China. A largo plazo, esto también podría beneficiar a criptomonedas populares como Bitcoin. Los detractores, en cambio, temen un exceso de regulación y la pérdida de libertad de elección.
Lo que ahora está sobre la mesa es una prueba fundamental. Si el sector privado logra construir un sistema de pagos europeo fiable, el euro digital podría resultar innecesario. Si no lo consigue, el BCE tendrá su oportunidad. Los próximos meses dirán qué llega antes.
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